miércoles, 19 de noviembre de 2008

A por Agua

Introducción

La tierra era de un color rojizo como no la había visto nunca, me recordaba al Gran Cañón del Río Colorado, con la diferencia de que aquí, era tan fino como el azafrán.
Tenía la sensación que los caminos eran viejos, “quizá el tiempo habrá pasado dos veces”, pensé.
En la época de las lluvias, las botas se rebozaban de una fina arcilla rojiza, que salpicaba hasta tus pies, a pesar de las polainas. A los pocos días, antes de que comenzasen a cocerse tus extremidades inferiores, hacías desaparecer tus tapa-botas; el cuidado de tu equipo en zona de guerra, depende de ti y sólo de ti y nadie excepto tú, las echará de menos; los jefes al mando están más preocupados por “otras cosas”. La disciplina de acuartelamiento no tiene un puesto elevado en operaciones, es más suave, por así decirlo.
Tampoco los Oficiales osaban apretar tuercas a la tropa, ya que en la 1ª Guerra Pérsica Mundial (como yo la llamo), de 1991, algunas bajas en el frente, tenían mas disparos detrás que delante.

Aún así, sin polainas, a 48 grados Celsius a la sombra, con una humedad en aire 98%, nadie pensaba que los pies de trinchera durarían hasta la actualidad y que sin un cuidado constante, surge ese olor putrefacto tan característico.

Era el color de la tierra que llevaba siglos sin agua, frágil y endurecida, o tal vez la vegetación que nacía por doquier, las causantes de esas sensaciones que todavía hoy me acompañan en mis sueños.
Estos factores y muchos más, que salpicaban como especias a la sartén, despertaban sensaciones, que sólo allí pueden existir.
Tales aromas no los he encontrado en ninguna otra parte del planeta, quizá equiparables al Gran Delta de las tierras de Nubia, que ofrecen semejante cóctel al alma.

Con estos ingredientes como desayuno, uno se levantaba más despierto que nunca y a la vez agotado de la noche. El sudor, el canto de los insectos en tu mosquitera y el llanto de los niños del centro te acompañan en brazos de Morfeo.
Una vez retiradas las sábanas (1) y arpillera, descolgaba las botas de jungla, hechas de nylon y fino cuero, dos signos de comodidad:
Uno, que con sus dos agujeros practicados en el lateral de la suela a medio calzado, servían como desagüe del interior, siempre y cuando, no se obstruyesen de barro; en uno u otro caso, tus pies siempre estaban mojados.
El otro, segundo detalle significante era, que las botas en cuestión, vienen equipadas de fábrica, con una lámina acerada en el interior de la suela y colocada en toda su extensión que tenía como misión la de protegernos los pies en caso de pisar una mina.
Es curioso, pero este “truco militar”, proviene de la 2ª Guerra de Indochina, comúnmente llamada Guerra de Vietnam, donde los soldados norteamericanos, sufrían bajas en la jungla asiática, al caer en fosos llenos de estacas plantadas en el fondo, conocidas como estaca Pungí.
En la década comprendida entre 1965 y 1975, las minas no estaban en el grado sofisticado de diseño que tienen en la actualidad y si pisas una, ya sea a pie o en vehículo, 3 milímetros de chapa en tus pies no te van a ser de gran ayuda.

Al principio, te acuerdas de esos pequeños artefactos a cada paso que das, sobre todo, si cada día ves corretear a los niños del campamento, con sus piernas ortopédicas de todo tipo; de plástico, de madera, metálicas, nuevas y de segunda o tercera mano.
Los más veteranos ya sabían jugar al futbol.

Felizmente, no comprobé la efectividad de mis botas en materia de minas, ni tampoco pude obtener testimonio actual, ya que, en una nueva técnica, los guerrilleros se acercaban después de atacar un convoy para matar a los supervivientes, violar a las mujeres o llevárselas de esclavas, después, robaban todo lo que pudían y se marchaban.

Si eran de ayuda humanitaria, simplemente los paraban y saqueaban.
Numerosas denuncias de estos hechos por parte de las victimas, era utilizado por todas la Fuerzas Armadas en la zona, para averiguar que tipo de medicamentos o material robaban de los convoy, para concluir, en informes, la cantidad de heridos o enfermos que podrían tener los grupos armados escondidos o enfrentados.
En ocasiones, los guerrilleros heridos se mezclaban en las interminables colas de acceso (hoy aún lo hacen) para acceder a los servicios sanitarios humanitarios, pasando desapercibidos como refugiados; éstos, dudosamente podrían ser reconocidos, ya que a diferencia de un soldado guerrero, los desplazados, como su nombre indica, vienen de diferentes zonas del país y todos estaban tan ocupados en sus miedos e incertidumbres que no querían saber nada de lo que allí ocurría. Se daba más importancia a los campos y casas saqueadas que la vida en sí.
Si alguien los reconocía, no decían absolutamente nada. El miedo que nos hace chillar uno de los gritos mas fuertes de las especies, les dejaba completamente mudos.


Un refugio enrejado en el campamento de Dorti en las afueras de la principal ciudad del oeste de Darfur tiene dos camas de metal, ropa, alimentos y productos que cubren el suelo de su cabaña.
Cerca de allí, los habitantes de Darfur que llegaron al mismo tiempo, hace dos meses, estaban viviendo en endebles láminas de plástico sostenidas por varillas.
Ellos huyeron de los ataques sobre sus casas sin más que sus ropas a sus espaldas, mientras que Shousha es parte de un nuevo tipo de refugiado en Darfur.
“Vine con dos burros que transportaban mis cosas”. “No teníamos cosecha de modo que vinimos aquí”, agregó.
200.000 personas han muerto y 2,5 millones han sido forzadas a dejar sus hogares por las violaciones, matanzas y saqueos en Darfur.
El conflicto ha afectado las vidas de muchas de las comunidades agrícolas cuyas cosechas han fracasado o han sido comidas por nómadas.
Muchos de los recién llegados a los campamentos de Darfur son inmigrantes económicos, no motivados por temer por sus vidas, sino por las penurias que ha causado el conflicto.Quienes se encuentran en los campamentos reciben el 100 % de las raciones mientras que muchos de los que viven en aldeas más remotas perciben el 50% y algunos cuyas cosechas no han sido tan afectadas no obtienen absolutamente nada.

Vista aérea del campo de refugiados Kassab, al norte de Darfur.

No hay comentarios: