Tardé dos años en convencer a mi esposa Manuela, de viajar hasta Pano, un pequeño pueblo de la Ribagorza, comarca de Huesca, puerta del valle de la Fueva, valle que te guía hasta el Gran Valle de Benasque.
Si tardé tanto tiempo en convencer a Manuela, que es la primera en salir de casa para descubrir, fue quizás por que las cosas que contaba de Pano, parecían extraordinarias, así que dejé fluir todos los sentidos y esperé.
Un viernes por la noche, tumbados en el sofá del salón, me miró y dijo, "mañana quiero ir a Pano". Yo le conteste: "de acuerdo"
A la mañana siguiente partimos de la orilla del mediterráneo, en la costa dorada y quebrada por el macizo del Garraf, atravesamos las montañas de la sierra de Cornudella, en tierras Tarraconenses.
Nos adentramos en los valles de Lleida para, sin darnos cuenta, estar remontando el paso del río Ésera camino de la Ribagorza, Huesca. Atrás dejamos Barbastro.
Llegamos a tierras de Campo y Graus, bañadas por este ultimo y por el Isábena, aguas de estos dos Grandes Rios que casi sin quererlo, adornan los senderos que nos indican constantemente que, de donde provienen, son el verdadero protagonista de nuestras aventuras: El Valle de Benasque.
Graus, Sera nuestro Campo Base para llegar hasta nuestro destino.
Catalogada como Ciudad, esta importante población de la Ribagorza, tiene la unión de dos de los tres ríos más importantes que descubren a su paso, el centro de las actividades comerciales y sociales de la zona.
Así mismo posee un importante Conjunto Monumental del que hablaremos en un futuro.
En Graus, cogeremos un desvío para llegar hasta el pueblo de Pano, donde vive mi amigo Kurtz, suizo de nacionalidad pero más cercano a los habitantes de este vecindario en el siglo XVII.
Kurtz, el protagonista de esta historia, ha creado recientemente la Fundación de Pano, que tiene como objetivos principales la restauración de este enclave que consta de una ermita del Siglo XI y una iglesia del Siglo XVI como las más importantes. Actualmente están iniciadas las obras de restauración de la Iglesia. La ermita está en perfecto estado.
El pueblo consta de tres habitantes, Kurtz, Susana y el recién llegado José, y la manera de vivir de ellos es intentando no cambiar el entorno, protegiéndolo y utilizándolo como fuente de sostenibilidad.
Al visitante de Pano, quizá le parezca una manera de vivir dura, sin las comodidades a las que estamos acostumbrados, pero para quien ha vivido allí largos periodos, que ha sentido calma, plantando un almendro, cansancio construyendo una escalera de piedras en el huerto o pureza al sumergirse en la fuente de la montaña con su agua cristalina, Pano es un lugar especial.
Esa fue la frase con la que me dirigí a Manuela el día que le hablé de Pano.
Hay que ir como lo hizo Manuela y lloró de emociones, Paquito parte de mi familia y un buen hombre, Mª José, excelente persona o uno mismo, que no se quedó por acompañar a Tony El Calvo, viajante aventurero.
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